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Humanismo cristiano y derecho ambiental: por qué a usted le importa que su abogado sepa de Santo Tomás

Mtro. Emmanuel de Jesús Rodríguez García · 26 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

Quien lee la página del Colegio encuentra, junto a los servicios, una frase que no suele aparecer en el sitio de un despacho: trabajamos "inspirados en los valores del humanismo cristiano". Más arriba, en nuestra filosofía, está una cita de la Carta a los Romanos: "No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien".

Es razonable que un empresario se pregunte qué tiene que ver eso con una clausura, una multa o una manifestación de impacto ambiental, y esta nota es mi respuesta.

De dónde viene

La cita es de San Pablo (Romanos 12,21), y su segunda mitad en latín, vince in bono malum, es el lema de la Universidad Anáhuac, y la misión de esa universidad termina con las mismas palabras que la nuestra: "inspirados en los valores del humanismo cristiano".

La coincidencia no es casual, porque me formé en la Anáhuac, en la licenciatura en Derecho y en la maestría en Administración Pública, y desde hace años doy clases ahí de materias de humanidades, entre ellas Antropología fundamental y Ética. Enseñar esas materias mientras ejerzo ha sido el mejor lugar que he encontrado para reflexionar sobre la práctica profesional.

El Colegio se fundó en 1996, y cuando me correspondió tomar las riendas del despacho, después de una reflexión larga, decidí que esa visión profesional, que comparto profundamente, tenía que quedar expresa en nuestra forma de trabajar y no sólo en mis convicciones personales.

Reconocer de dónde viene la inspiración no significa que haya que ser creyente para compartirla. Las ideas que siguen se sostienen por sí mismas, y cualquiera que se tome en serio a la persona puede suscribirlas.

La persona como fin, nunca sólo como medio

El centro del humanismo es una idea sencilla: la persona tiene una dignidad que no se puede cambiar por nada. Kant la formuló en su imperativo categórico cuando pidió tratar a la humanidad, en uno mismo y en los demás, "siempre como un fin" y "nunca solamente como un medio".

Aplicado al derecho ambiental, eso cambia la manera de leer un asunto. Detrás de cada expediente hay personas: quienes trabajan en la empresa, quienes viven junto a ella y quienes dependen del agua, del aire o del suelo que la actividad económica modifica.

El papa Francisco lo dijo en Laudato si', su encíclica "sobre el cuidado de la casa común": no hay dos crisis separadas, sino "una sola y compleja crisis socio-ambiental", lo que significa que un problema ambiental es siempre, al mismo tiempo, un problema humano.

La ley ordenada al bien común

Santo Tomás de Aquino definió la ley como una ordenación de la razón al bien común, promulgada por quien tiene a su cargo la comunidad. De esa definición se desprenden dos consecuencias muy prácticas para una empresa.

La primera es que la ley no es un obstáculo que haya que sortear. Cumplirla de verdad, y no simularlo, es la manera de participar en ese bien común, y por eso trabajamos sin atajos.

La segunda es que la autoridad también está sujeta a la razón. Cuando una resolución es arbitraria, desproporcionada o ajena a su competencia, impugnarla no es una rebeldía: es exigir que la ley vuelva a ser lo que debe ser.

Entre esos dos extremos está la virtud que más necesita un abogado, la prudencia, que consiste en decidir bien en el caso concreto: cuándo regularizar, cuándo litigar y cuándo sentarse a una mesa de trabajo con la autoridad.

Vencer el mal con el bien, en dos ejemplos

Nuestra promesa institucional traduce la cita de San Pablo en compromisos de trabajo, y dos de ellos bastan para ver cómo se aterriza.

Vencer el mal de la arbitrariedad y el abuso de poder con el bien del uso legítimo, transparente y estratégico de las vías legales. Ante una autoridad que se excede, la respuesta nunca es otro abuso ni un arreglo por fuera, sino el derecho bien usado.

Vencer el mal de la negligencia empresarial con el bien de la vigilancia técnico-jurídica permanente. La mejor defensa es la que no hace falta porque la empresa cumplió a tiempo, y eso sólo se logra con acompañamiento constante.

Por qué le importa a usted

A su cargo está la vida de las personas que trabajan para usted y la de quienes usan los servicios ambientales que su actividad económica modifica. Sus problemas tienen que leerse siempre en clave de cuidar al ser humano y a su casa común, porque no hacerlo así reduce a esas personas a simples factores económicos.

La confianza que usted deposita en su abogado sólo puede corresponderse con honestidad y lealtad profesional. Quien acude a un despacho no es una cuenta por cobrar: es un justiciable que busca que se le haga justicia y, antes que nada, una persona cuya dignidad impide tratarla como un medio para cualquier otro fin, incluido el interés económico de su propio abogado.

Y esa confianza exige también lo contrario: un abogado no puede tratarlo como persona si ignora de qué va su asunto. La filosofía no sustituye al conocimiento técnico, sino que lo ordena, y en mi experiencia hace al jurista mejor jurista.

Si quiere conocer cómo trabajamos, consúltenos en colegiodeabogadosamb@outlook.com.

Las reflexiones de este artículo son opinión del autor. Las citas de Romanos 12,21, de la misión de la Universidad Anáhuac, de Kant, de Santo Tomás de Aquino y de la encíclica Laudato si' se refieren a sus textos originales o a sus traducciones al español.

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