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Cumplimiento ambiental

Llegar tarde y sin lápiz al examen final: la defensa ambiental empieza antes de la visita

Mtro. Emmanuel de Jesús Rodríguez García · 26 de septiembre de 2026 · 5 min de lectura

Imagine a un estudiante de preparatoria que se quedó dormido: se levanta tarde, se pone el uniforme sin planchar, sale de su casa sin desayunar y llega corriendo al salón cuando todos ya están sentados. Ahí descubre que ese día es el examen final, que no estudió porque ni siquiera sabía que era hoy y que, además, no trae lápiz.

Así llega a la visita de inspección la empresa que piensa que la defensa ambiental empieza cuando se presenta el inspector. Para ese momento, lo que se va a revisar ya ocurrió: las autorizaciones se tramitaron o no, las bitácoras se llenaron o no y los residuos se manejaron bien o mal. Lo único que queda por hacer es contestar el examen con lo que se trae, y casi siempre se trae poco.

Por eso en el Colegio desarrollamos PREMA, nuestro Programa de Regularización en Materia Ambiental, que revisa la operación de la empresa de manera periódica, antes de que lo haga la autoridad.

Un abogado con botas y casco

La imagen habitual del abogado es la de alguien de traje frente a un tribunal. En el cumplimiento ambiental, curiosamente, mi trabajo se hace mejor con botas, casco y el resto del equipo de protección personal que exige la planta.

Las revisiones no se hacen en una sala de juntas con la dirección, sino recorriendo las instalaciones con quienes operan y conocen el proceso: el encargado de mantenimiento, el responsable de residuos, el jefe de producción o el residente de obra. Ellos saben qué se hace todos los días, y sólo en el lugar se ve si lo que dicen los papeles coincide con lo que ocurre en la operación.

¿Y por qué no se lo encargo a mi gestor o a mi biólogo?

Es una pregunta razonable, y la respuesta no es que el gestor, el biólogo o el ingeniero ambiental sobren. Ellos hacen su parte técnica, y la hacen bien. La diferencia está en que el abogado que un día tendrá que defender a la empresa necesita pisar el terreno que va a defender, y no sólo oír cómo se lo describen.

En mi experiencia, una cantidad enorme de asuntos se ha resuelto por haber visto el predio, por haberlo recorrido y conocido, en lugar de quedarme a leer el expediente en la oficina. Lo que se ve en campo cambia la estrategia: una colindancia que nadie mencionó, una obra que en los planos parece nueva y en el sitio es claramente antigua, un escurrimiento que explica de dónde salió la denuncia.

Esto es lo que hacemos en el despacho, porque sólo atendemos temas ambientales, a diferencia de muchos abogados y despachos que llevan de todo y ofrecen la materia ambiental como una más de su catálogo. Con todo respeto para los colegas, le sugiero desconfiar de quien se presenta como especialista en derecho ambiental y no conoce el proceso de su cliente ni ha tenido que ponerse unas botas de seguridad para entrar a una planta: difícilmente podrá defender lo que nunca ha visto.

Con qué frecuencia

La operación de una empresa no es igual todo el año. Una obra en construcción pasa por etapas que afectan al ambiente de manera distinta, desde el desmonte y la preparación del sitio hasta la edificación y los acabados. Un beneficio de café trabaja a toda su capacidad durante la cosecha y dedica el resto del año al mantenimiento, con residuos, descargas y riesgos diferentes en cada temporada.

Una revisión anual retrata un solo momento y deja fuera todas esas variaciones. Por eso, como punto de partida, proponemos revisar cada tres meses, lo que permite tener una imagen completa del año sin interrumpir el trabajo de la empresa.

La periodicidad, sin embargo, no es fija, porque se adapta a lo que cada empresa necesita. Hay etapas en que sí hace falta ir mes con mes, o incluso semana con semana, como durante una obra en plena ejecución, una regularización en curso o los días que siguen a una visita de la autoridad, y otras en que la operación está estable y las visitas pueden espaciarse. Lo importante es que el programa se haga a la medida de la empresa y no conforme a un calendario de trámite.

Lo que encontramos antes que la autoridad

Los hallazgos más frecuentes no son grandes descubrimientos, sino descuidos que se acumulan. El primero son las autorizaciones a las que nadie les dio seguimiento. A veces al gestor se le pasó un aviso o una condicionante; otras, la empresa tardó tanto en obtener el permiso que terminó harta del trámite y no quiso pagar a nadie para darle seguimiento. En ambos casos, la autorización existe en el archivo, pero sus obligaciones llevan meses sin cumplirse.

El segundo es el manejo de los residuos, donde encontramos con frecuencia residuos de manejo especial mezclados con residuos peligrosos, lo que convierte todo el volumen en residuo peligroso y multiplica el costo y el riesgo. Peor todavía es el caso de la empresa que, simplemente, no sabe qué pasa con su basura una vez que sale por la puerta, porque la responsabilidad no termina cuando el camión se la lleva.

Lo que cuesta llegar sin lápiz

El peor desenlace, evidentemente, es la clausura. Pero hay otro costo que se menciona menos: cuando la autoridad detecta una irregularidad, la empresa tiene que regularizarse a marchas forzadas, con los plazos que le fija la resolución y no con su propio calendario, en plena operación y con una multa encima.

Lo mismo que se habría resuelto con calma en una revisión periódica se convierte en una carrera contra reloj, y rara vez se gana.

Revisar para cumplir, preparar para defender

PREMA no sustituye al gestor ni al equipo técnico de la empresa. Nosotros asesoramos y vigilamos el cumplimiento; los trámites, las obras y los análisis los ejecutan los profesionales que la empresa ya tiene o los especialistas que le recomendamos.

Tampoco es una auditoría ambiental como las que llevan a un certificado. Esas auditorías revisan si la empresa cumple, y tienen un valor indiscutible, pero no están pensadas para preparar a la empresa ante una inspección. Lo que añadimos desde el despacho es precisamente eso: revisamos el cumplimiento como lo leerá el inspector y lo valorará después la autoridad que resuelva, y dejamos el expediente listo para defenderse, con la prueba de cada obligación identificada y a la mano.

Después de cada visita, la empresa recibe un reporte con un semáforo del estado de cada área y una matriz de pendientes ordenados por prioridad, de modo que sepa qué atender primero y pueda comprobar en la siguiente revisión que lo resolvió.

Estudiar a tiempo

El estudiante del ejemplo no reprobó por falta de capacidad, sino porque nadie le avisó del examen y porque, además, no traía lápiz. Una empresa que revisa su cumplimiento de manera periódica no sabe cuándo llegará el inspector, pero sabe que, cuando llegue, va a encontrarla preparada.

Es lo que resume nuestro lema: "No pague multas, antes ¡consúltenos!". Si su planta, su agroindustria o su obra quiere llegar preparada a la próxima visita, consúltenos en colegiodeabogadosamb@outlook.com.

Las valoraciones de este artículo son opinión del autor y se basan en su experiencia profesional; los hallazgos se describen de manera general, sin datos que permitan identificar a ninguna empresa.

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